Me agasaja la vida con unos trozos de papel en donde tendré que dibujar, a esas mujeres y hombres que van por el camino del amor.

Para lograr mi cometido me paré en ese camino como lo hago al partir plaza; de pronto, aparecieron ante mí dos personas que en sus manos traían larguísimos listones multicolores de seda que lanzaban al viento, con tal gracia, que conforme bajaban hacían mil formas. Los tomaban y al lanzarlos todo cambiaba de color, comenzando así algo extraño que no lograba entender.

Absorto entre los movimientos y los cambios de tonalidades, escuché una rara voz que me dijo: -Bienvenido a este camino, toma una jaula y escoge a tu acompañante.

Gire mi cabeza para descubrir de dónde y quién me estaba llamando.

-Aquí estoy, junto a tu pie, ¡mírame!, soy uno de tus sueños, esos que tejías en el barco de las ilusiones. ¿Recuerdas esas épocas? al primer instante en el que ideabas un pase para lidiar a tu toro, yo germinaba para morir cuando tomabas el capote o la muleta para transformar tus ilusiones en realidad.

¿Deseas caminar por este lugar? Si así es, tus movimientos naturales con misterio taurino, te abrirán la puerta del alquimista.

-Ya sé quién eres, si me acompañas recorreremos juntos este lugar.

-Por eso estoy aquí, para acompañarte, pero para continuar debes tomar la jaula, esa la de oro, en la que se posó en la parte superior una paloma, ella vendrá también. ¡Mira! como vienen bajando unos listones, brinca, brinca alto y tómalos todos, los irás lanzando durante el trayecto, pon los trozos de papel en la bolsa izquierda de tu blusa, en ellos plasmarás lo que tus ojos pensantes no darán crédito.

Así inicié esta aventura, caminé por mucho tiempo sin ver ni encontrar a nadie, la decepción estaba a punto de vencerme, sin embargo, casi llegando al final del camino, me avivó el vuelo de la paloma que se posó en la mano de un niño, mis manos cansadas habían dejado de lanzar listones, cuando de pronto, así de la nada, se movieron vertiginosamente para llegar a cubrir al niño. El grillo sacó sus alas, las que lo llevaron junto a su pie. No entendía que estaba pasando, solo le quedaba la jaula de oro la que aprisionó fuertemente (continuará…)

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