Pocos saben que este 2025 el Junior Club celebra 119 años de existencia. Para el tenis mexicano es motivo de orgullo: se trata del club más antiguo de la Ciudad de México, con una trayectoria que se fue escribiendo a través de torneos memorables que reunieron a los mejores jugadores del país.
Sus años dorados se vivieron en los sesenta, cuando por sus canchas desfilaron figuras de la talla de Yolanda Ramírez, Elena Subirats, Alejandra Vallejo, Rafael Osuna, Antonio Palafox, Joaquín Loyo Mayo y Marcelo Lara. Incluso Raúl Ramírez llegó a compartir dobles con Leo Lavalle, en una dupla que aún resuena entre quienes fueron testigos.
No solo brillaron visitantes ilustres: también surgieron raquetas formadas en el propio Junior que marcaron época en el ámbito nacional, como Pedro Langre, Lucio Baltazar, Javier Ordaz y Armando Trigo. Cada encuentro despertaba expectativas, y las variantes de estilo provocaban discusiones apasionadas en los pasillos del club. Uno de los momentos más recordados fue un singular “match de sexos” entre Alejandra Vallejo y Carlos Heyn —quien jamás se cortó su melena—, que provocó un lleno pocas veces visto.
Hasta aquí, todo es memoria y dulzura. Pero hoy, entre los pasillos, corre un rumor inquietante: la posible venta del club. Una noticia que, de confirmarse, representaría un golpe no solo para el tenis, sino también para la ciudad y su memoria deportiva.
Porque el Junior Club ha sido, por generaciones, un verdadero “pulmón del Distrito Federal” (hoy CDMX). Su valor es múltiple:
- Extensión verde: amplias áreas arboladas, jardines y canchas rodeadas de vegetación que contrastan con el entorno urbano.
- Función ecológica: árboles que purifican el aire, reducen el ruido y refrescan una ciudad históricamente golpeada por la contaminación.
- Valor histórico y urbano: uno de los escasos espacios deportivos con superficie natural dentro de la mancha urbana, un auténtico oasis citadino.
- Percepción social: socios y vecinos lo han visto siempre como un refugio de naturaleza viva en medio del concreto.
Por todo ello, el Junior no es solo un club: es memoria, es identidad, es naturaleza. Es un bien común que ha dado a la ciudad campeones, cultura deportiva y aire limpio.
Quienes hoy tienen la mayoría de las acciones deberían comprender su trascendencia, y las autoridades deben velar por la integridad de su uso de suelo. En caso de que las especulaciones sean ciertas defender al Junior Club es respetar 119 años de historia, deporte y vida verde en una ciudad que no puede darse el lujo de perder más espacios así.
De corazón esperamos que los accionistas sigan la tradición y solo se trate de un rumor.