Al darse el cambio de color en el semáforo epidémico de la Ciudad de México se dio la apertura de los clubes capitalinos al 30 por ciento, esto se traduce a que solo se usarán las áreas verdes y canchas al aire libre con una distancia de dos metros como mínimo entre seres humanos.

Solo se jugará singles ni se darán clases grupales para evitar infecciones. La inclusión de los clubes deportivos se dio a través de la asociación capitalina, asociación de gerentes y por cuenta de algunos clubes desesperados para activar economía.

Fue tal la gravedad que provocó el Coronavirus que el que fue profesional del Casablanca Satélite Jacobo Miranda cambió de giro y se puso a fabricar nieves artesanales y de un sabor ya va por nueve, parece que encontró su vocación.

Otros que se iniciaron de boleros y que fueron hijos de albañiles se apoyaron en esa profesión para su supervivencia porque también se gana bien y aquí se recuerda al que fue profesional del Terranova y arquitecto del Club Reforma Ralo Fernández, quien dijo abiertamente que la diferencia entre un profesor de tenis y un albañil era que uno usaba raqueta y otro cuchara. Las criticas deben enviárselas al más allá porque descansa en paz.

Ralo no estuvo equivocado porque varios entrenadores la hicieron de albañiles para enfrentar la crisis.

Ahora los que ganan bien con la cuchara evaluarán si les conviene más en este momento la raqueta… Increíble, pero cierto.

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