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LA IMPORTANCIA DE RODRIGO PACHECO EN LA REALIDAD MEXICANA ES ENORME

Golpe de Revés

Alejandro Álvarez Zenith

Dentro de la realidad mexicana —esa tragicomedia donde lo excepcional se confunde con lo milagroso—, un jugador como Rodrigo Pacheco (top 2 juvenil en 2023) es un garbanzo de a libra. Y no de esos que se venden al mayoreo en el mercado, sino uno que aparece cada dos décadas, porque desde el 2000 apenas contamos con dos exponentes de la misma estirpe en la categoría junior: Bruno Echagaray y César Ramírez. Tres nombres en más de veinte años, un linaje raquítico que la historia del tenis nacional exhibe como botín de guerra.

Hoy, Pacheco se aproxima a romper la barrera de los 200 ATP a los 20 años. Fantástico, sin duda, pero aquí lo que vale no es la cifra, sino el hambre: la voracidad por seguir adelante. Hambre de puntos, hambre de ranking, hambre de historia. Porque a corto plazo, la realidad es cruel: no se vislumbra otro mexicano con la misma posibilidad de viajar, competir y sobrevivir al circuito gracias a patrocinadores que son, en el fondo, mecenas de una obra que esperan algún día se convierta en mural.

Lo importante es entender el contexto: desde 2023 no existe un solo top 10 mexicano, y cuando en 2024 lanzamos la osadía de prometer un millón de pesos al que se instalara dentro de los cinco mejores, la realidad nos respondió con sarcasmo: nadie se acercó.

Por eso, la victoria de Pacheco en la primera ronda de la previa del US Open supo a gloria —a banquete en medio del ayuno—, porque desde 2007 sólo Echagaray había logrado semejante hazaña. Y aquí conviene subrayar: el mexicano ya no necesita peregrinar por Sudamérica para competir, con todo y los costos de crucifixión económica que eso supone. Hoy se puede jugar en Veracruz, Monterrey o Jalisco; la infraestructura ya existe, los torneos ITF para menores de 18 años se multiplican. Lo único pendiente es lo más difícil: ganar.

Se repite hasta el cansancio que lo que falta no es escuela de tenis (las hay, con todas sus variantes de élite y de sobrevivencia), sino resultados. Esa palabra incómoda que no admite retórica ni discursos de federación: resultados.

El tenis mexicano, por su parte, se bifurca en dos especies: los de traje a la medida y hambre controlada —los de cartera solvente—, y los que apenas tienen gasolina para encender el motor del auto, mas no para recorrer un tránsito largo. De ahí la importancia de un Rodrigo Pacheco: representa el hilo frágil de una tradición deportiva que parece condenada a empezar de cero cada década.

Por eso, al final todo se resume en una expectativa: que Pacheco dé el golpe de revés definitivo y venza en la segunda ronda al italiano Francesco Passaro. Si lo logra, el país celebrará como si fuese la resurrección de una gloria perdida; si no, seguiremos esperando, entre la ironía y el desencanto.

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