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JORGE BERMAN: EL TESORERO QUE QUIERE PONER EN ORDEN EL TENIS MEXICANO

En el anecdotario de nuestras instituciones deportivas, donde la transparencia suele ser más promesa que ejercicio, ha emergido un personaje singular: Jorge Berman, tesorero con vocación de orden, rara avis en un ecosistema acostumbrado a la dispersión y al malabarismo contable. Su irrupción en la Federación Mexicana de Tenis significó, al menos en el discurso y en la práctica inicial, la tentativa de instaurar un régimen de claridad administrativa que sofocara la bruma de descalificaciones internas, esa liturgia de sospechas que tanto erosiona la credibilidad de los organismos y siembra incertidumbre en el medio tenístico.

La encomienda no le resulta menor, y sin embargo ha concitado el reconocimiento de voces poco inclinadas a la lisonja. Benito Schon —quien ejerce la crítica con la misma franqueza con que otros practican el saque— ha resaltado la capacidad empresarial de Berman y, sobre todo, su honorabilidad, palabra que en estas latitudes suele citarse con escepticismo o en tono casi elegíaco.

A este empeño se suma la experiencia de dirigentes que conjugan administración y raqueta, entre ellos Norberto Mantiñan, presidente de la ATJ y primer vicepresidente de la federación, cuyo conocimiento del tenis no es simple ornamento retórico, sino parte de la estrategia por dignificar la conducción institucional. Así, entre balances contables y canchas de arcilla, se perfila una dirigencia que, al menos en la intención, busca que el tenis deje de ser rehén de intrigas burocráticas y recupere su condición primera: un juego de precisión, disciplina y fair play.

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