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CLAUDIA GÓMEZ HARO Y SU LEGADO AL MUNDO DE LA CULTURA Y LAS ARTES

Golpe de Revés                                                                                                                                                  Alejandro Álvarez Zenith

El fallecimiento de Claudia Gómez Haro, cofundadora y directora de Casa Lamm, deja un hueco profundo en el mundo de la cultura y las artes. Durante más de tres décadas, en la avenida Álvaro Obregón, su trabajo —sin fines de lucro y con fines de espíritu— transformó vidas y revitalizó la colonia Roma, convirtiendo una vieja casona de 1911 en un punto de encuentro para las ideas, los talentos y las miradas del mundo.

Casa Lamm, bajo su impulso, fue más que un espacio expositivo: fue un foro donde convivieron artistas consagrados y creadores emergentes; donde se cruzaban los caminos de intelectuales, estudiantes, coleccionistas y curiosos, todos atraídos por la mezcla irrepetible de arte y conversación que ahí se daba.

Mi relación con Claudia se dio a través de su hija, Roberta López Negrete. Fue gracias a ella que las puertas de Casa Lamm se abrieron para conferencias de prensa decisivas en la historia del Abierto Mexicano de Tenis, torneo que nació en 1993 en el Club Alemán y que tuvo como tetracampeón al austriaco Thomas Muster.

Roberta heredó de su madre la inteligencia y la capacidad de adelantarse a su tiempo. Al frente de la sala de prensa del Abierto, supo crear un ambiente cordial y equitativo, donde las figuras más brillantes del circuito convivían con periodistas y aficionados sin distancias artificiales.

Recuerdo, por ejemplo, en 2005, la primera visita de Rafael Nadal a México. Procedente de Brasil, donde acababa de conquistar su segundo título ATP en Costa do Sauípe, Roberta nos brindó un apoyo decisivo para cubrir su llegada, que culminó con una plana en El Financiero, entonces dirigido por Rogelio Cárdenas, a quien también recordamos con afecto.

Han pasado veinte años, y el aprecio por Roberta se mantiene intacto. Hoy, que atraviesa el dolor irreparable de la pérdida de su madre, nos unimos a su duelo. Confiamos en que, entre tantas memorias y obras, hallará consuelo: porque hay presencias que no se extinguen, y el legado de Claudia Gómez Haro seguirá habitando en las paredes de Casa Lamm y en quienes tuvimos la fortuna de conocerla.

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