Jaime Gómez y Humberto Gallina pusieron a sudar a propios y extraños. Pero al final, contra viento, marea y rivales de alto calibre, se instalaron en la gran final del campeonato nacional más longevo y respetado del país: el de Jalisco.
La historia comenzó con tintes dramáticos. Jaime Gómez, figura consagrada del nacional en la categoría de 16 años y menores sobre canchas de arcilla, tuvo que emplearse a fondo para dejar en el camino al siempre combativo Juan Ascencio. El marcador lo dice todo: 6-4, 4-6, 6-3. El escenario fue la cancha central del Club Privado San Javier, con un ambiente cargado de tensión y la presencia emotiva de sus padres en la tribuna.
Fue un duelo parejo, sin concesiones. Gómez, dotado de un talento natural que lo ha distinguido desde sus primeros pasos en el tenis competitivo, se complicó la existencia al intentar transiciones tácticas en momentos clave del segundo set, que no le salieron con la finura acostumbrada. El público —numeroso, atento, apasionado— fue testigo de ello.
Pero en el set definitivo emergió el verdadero Gómez: sereno, firme al saque y con mayor consistencia que su oponente. Así, con autoridad renovada, se llevó el pase a la final, donde lo espera nada menos que Humberto Gallina. Éste último, en un partido no apto para cardiacos, frenó el avance de Juan Arámburo con parciales de 6-2, 4-6 y 7-6 (6). Imaginen la escena en las gradas: padres al borde del colapso, nervios de acero puestos a prueba. Como diría Gloria Trevi: «al borde de un ataque de nervios».
La parte baja del cuadro ofreció menos sobresaltos. Roberto Martínez Salcedo se impuso con autoridad a Emmanuel Martínez por 6-1, 6-0, mientras que Omar Ascencio superó a Leonardo Calles por 6-2, 6-4, mostrando solvencia y madurez.
Vale la pena destacar que la organización del torneo en la categoría de 16 años fue ejemplar, digna de un certamen ITF de 100 mil dólares, guardando las proporciones. Todo en su sitio, con puntualidad suiza y ambiente de primer nivel.