GOLPE DE REVÉS

ALEJANDRO ÁLVAREZ ZENITH

 

Imelda “MELITA” Ramírez, es una institución del tenis mexicano. Una de las tenistas más grandes que dio México se nos adelantó, pero reviviremos parte de su grandeza a través de sentidas líneas.

En lo personal fui amigo de Melita. Siempre gentil y accesible platicamos de tenis en muchas ocasiones y por ello tengo presente que fue campeona infantil y juvenil de México en la década de los años cuarenta.

El primer gran golpe que dio fue en Florida, en una época en la que personajes como Eddie Herr estaban involucrados en la organización del Orange Bowl. El resultado para la mexicana fue sorprendente porque venció a las mejores estadounidenses para ser reconocida como la primera tenista latinoamericana en conquistar el Orange Bowl, esto sucedió en 1948.

En la catedral del tenis mexicano, nos referimos al Centro Deportivo Chapultepec tuvo colosales actuaciones ganando nueve veces el campeonato nacional de primera fuerza. Por ello se le compara a Joaquín Loyo Mayo.

Con espíritu aventurera conquistó torneos en Colombia y Cuba. Y varios en Estados Unidos: Kansas, Missouri, Illinois y Wisconsin. No conformó  en 1952 y 1953 se llevó el cetro del nacional abierto de Canadá, en singles, dobles y mixtos. Que grande!!!

En Europa fue la mujer que le dio nombre a México ganando justas de gran relieve como el Conde de Godó en Barcelona, el internacional de Bélgica, y el internacional de Munich, Alemania.

Em los grand slams fue aceptada en Wimbledon y Roland Garros, en donde llegó a cuartos de final en 1954. Ella fue la primera mexicana en hacerlo.

En el cierre de su carrera representó a México en cinco campeonatos mundiales de veteranos: Barcelona, Sudáfrica, Australia, Austria y Turquía, y en este último le ganó a la primera campeona mundial de Alemania.

Solía charlar con Melita en el Cuicacalli y en el Britania. La mujer jamás se dio ínfulas de grandeza, más bien manejo un perfil bajo. Yo la leía en Novedades y siempre me contaba historias vividas con su hermana Yola.

La razón por la cual no trascendió más fue porque el amor tocó a su puerta y se inclinó por la familia, pues los que saben de tenis aseguran que el tenis que poseía le daba para pelear por los cetros de los grands slams como sucedió con Yola.

Yo estaba en Guadalajara iniciando el viaje rumbo a la ciudad de Querétaro cuando su cuñado Poncho Ochoa nos dio la lamentable noticia.

Me uno a la pena que embarga a la familia de Mela, en especial a su querida hija y solo podemos decir que se nos adelantó en el camino una de las tres grandes tenistas que ha dado México en toda su historia.