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EN MÉXICO SE PUEDEN GANAR 700 PUNTOS ITF, SUFICIENTES PARA SER TOP 100 ITF, PERO HAY QUE GANAR Y SUMAR

Golpe de Revés Alejandro Álvarez Zenith

En México no hay buenos entrenadores. Eso lo he escuchado una y otra vez. Esa cantaleta que se dio en clubes, mesas de tenistas y entre padres de jugadores, generó la necesidad de contratar entrenadores extranjeros, muchos de ellos de gran reputación porque en sus lugares de origen tuvieron resultados excepcionales. Al ser parte ya del tenis mexicano, eso no debe ser un problema y mucho menos tema de mesa.

Para no caer en polémica hablaré de mi amigo el “Chino” Gerosi (QEPD), a quien se le reconoce haber trabajado con Florencia Labat, Gastón Gaudio y Guillermo Cañas, todos grandes tenistas. El Chino también trabajó con jugadores mexicanos.

Lo cierto es que, basándonos en el ranking, México no cuenta con la cantidad de singlistas que un país de esta magnitud debería tener en las listas ITF, WTA y ATP. La aspiración de México no es meter a un top 100 al ranking mundial; afortunadamente Renata Zarazúa es 74 del mundo y se le aplaude, pero este caso en especial se sostiene en la pasión y el trabajo combinado de una familia que apostó por el tenis con una historia que relataré pronto.

La meta de México no debe caer en el conformismo de contar únicamente con una jugadora de clase mundial como lo es Renata. El reto debe ser igualar y superar a Argentina y Brasil, porque tenemos ventajas muy claras para el desarrollo: torneos ITF que van de M15 a W100, justas WTA 125 y 500, Challengers con bolsas de 100 y 200 mil dólares, además de un ATP 250 y un 500.

Aquí el tema, considerando que hay buenos entrenadores mexicanos, extranjeros y nacionalizados, es poner en la mesa qué hace falta. Habiendo entrenamiento y un calendario juvenil que te permite acumular 700 puntos ITF (suficientes para ser top 100 junior), lo único que debe pasar es que el tenista gane y sume. Competir en 30 torneos ITF en México resulta muy barato en comparación con trasladarse a Centroamérica, donde incluso aparecen mexicanos adinerados con el objetivo de cazar puntos.

Bajo este contexto ni siquiera vale la pena hablar de los directivos de un Consejo que solo tiene que ordenar el curso de su calendario. En tema de desarrollo sí es criticable no haber luchado por la permanencia de Cancún, después de haberse convertido en un referente mundial a nivel del mar.

Hoy en Soltepec hay un proyecto similar, esta vez respaldado por la FMT, pero a 2,300 metros sobre el nivel del mar. Y lo que no se hizo en su momento en Cancún ahora se pretende hacer en Tlaxcala, con todo el respaldo federado. Aun así, el directivo está cubierto, porque hay puntos de más en juego y hay que ganarlos.

Cuando ya cuentas con el puntaje para competir sistemáticamente en justas J300 y J500, entonces sí se requiere apoyo, porque el tenista tendrá que viajar a diferentes naciones. No se puede negar que el tenis es un deporte caro; por eso es catalogado de “fifí”, pues una raqueta llega a costar siete mil pesos o más.

Lo bueno es que al tenista que puede competir en los torneos importantes se le paga hospedaje, alimentación e incluso se le llega a brindar apoyo a entrenadores. Cuando realmente eres bueno, te llegan propuestas de empresas como IMG, Wesport, Octagon, 72 Sports Group, Tennium, GSE y otras, porque hoy el tenis de élite es un gran negocio.

Si no das el ancho, tu camino —si bien te va— es la NCAA, y si tienes contactos, te podría apoyar una academia internacional con intereses en México para reclutamiento de clientes.

No queremos ser negativos, pero a manera de epílogo recordamos lo que dijo el padre de un reconocido mexicano cuando fui entrenador: que para qué daba lata con jugadores muy buenos, pero que no tendrían la gasolina (dinero) para recorrer un trayecto largo, porque se iban a quedar a medio camino. Y tuvo razón. De tal forma que el tenis, si no tienes un gran nivel, solo lo puedes alcanzar con una fuerte inversión.

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