GOLPE DE REVÉS
ALEJANDRO ÁLVAREZ ZENITH
El boxeo mexicano ha sabido consolidarse como una auténtica fábrica de campeones. Nuestros pugilistas no solo participan en las principales carteleras del mundo, sino que también disputan títulos que colocan el nombre del país en lo más alto. Esa consistencia, forjada a base de esfuerzo, disciplina y estructura, debería servir como ejemplo para otras disciplinas.
En contraste, el tenis nacional —especialmente en la rama varonil— atraviesa una etapa de baja productividad. En un cuarto de siglo, apenas tres mexicanos han logrado colocarse en el top 10 del ranking ITF juvenil varonil. Si bien este logro es valioso, también revela la necesidad de revisar con lupa el proceso de desarrollo de nuestros tenistas.
Una revisión al circuito Challenger entre 2015 y 2025 arroja un dato preocupante: ningún jugador nacional ha conseguido un título de singles en ese periodo. Este vacío podría ser uno de los factores por los cuales los organizadores de torneos suelen otorgar wild cards a tenistas extranjeros. No se trata de cuestionar decisiones particulares, sino de entender que la confianza se construye con resultados, y que estos requieren respaldo, planificación y constancia.
En cuanto a la Federación Mexicana de Tenis (FMT), es cierto que su estructura se ha mantenido prácticamente sin cambios desde las elecciones de diciembre de 2020. No obstante, sería simplista culpar únicamente a los dirigentes por la falta de jugadores de élite. Este es un fenómeno complejo, donde confluyen variables como la infraestructura, el acompañamiento técnico, el acceso a la competencia internacional y la formación continua, que —hay que decirlo— sí existe en México, aunque de forma desigual.
La desaparición del circuito de Cancún fue un golpe sensible para el desarrollo de nuevos talentos. En su momento, representó una alternativa accesible y efectiva para muchos jugadores jóvenes. Su relevancia quedó demostrada cuando una tenista de apenas 15 años se coronó en un torneo de $15,000 USD. Espacios así no solo alientan el crecimiento deportivo, sino que democratizan el acceso a la competencia de nivel.
Afortunadamente, la ITF ha reafirmado su confianza en México como sede, promoviendo torneos con bolsas atractivas en ambas ramas. Sin embargo, es un hecho que no todos los tenistas nacionales pueden aprovechar este tipo de eventos. Por eso, los torneos de menor bolsa, como los de $15,000 USD, siguen siendo fundamentales para el ecosistema local. Su vigencia es más que una necesidad: es una herramienta realista y útil.
Otro punto importante es la formación de entrenadores de alto rendimiento. Es legítimo que muchos se pregunten por qué no existe una sede clara y funcional para ello. Si bien el Centro Nacional de Tenis (CNT) en Chiapas tiene potencial, persiste una gran desinformación —y en algunos casos indiferencia— sobre su operación. Más allá de juicios apresurados, conviene recordar que todo proyecto serio requiere continuidad, transparencia y visión a largo plazo.
El CNT podría convertirse en el nuevo Cancún. Para lograrlo, se necesita algo más que recursos: se requiere voluntad, diálogo y un compromiso común. El tenis mexicano no se construye con confrontaciones ni con verdades absolutas, sino con acuerdos duraderos y con reglas claras que impidan que lo que hoy puede ser una oportunidad, mañana se convierta en una pérdida. A veces, el mejor revés no es el que se gana, sino el que invita a corregir el rumbo.