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EL FENÓMENO PACHECO Y LA REALIDAD ESTRUCTURAL DEL TENIS MEXICANO

Por Alejandro Álvarez Zenith

En la realidad mexicana, talentos como Rodrigo Pacheco no surgen de manera sistemática. Son excepciones que confirman una regla dura y persistente: en este país, hay que esperar lustros, incluso décadas, para ver a un talento nacional colarse entre los Top 10 del ranking ITF juvenil con verdaderas condiciones para competir —de forma constante y seria— en el circuito profesional, dejando abierta la posibilidad de excepciones.

Rodrigo es, sin duda, una luz. Pero lo preocupante es que su aparición no responde a una estructura sólida ni a un sistema de desarrollo sistemático. Es más bien el resultado de una cadena de esfuerzos aislados, decisiones familiares, y una lucha constante contra las limitaciones del entorno.

En Respuesta Deportiva queremos que triunfe. Y no por romanticismo, sino porque su éxito puede generar un efecto multiplicador dentro de una industria que hoy se sostiene en buena medida gracias a los clubes: instituciones que, si bien cumplen una función social invaluable, no están pensadas para formar tenistas de alto rendimiento. Su misión principal es atender a los asociados, muchos de los cuales practican el tenis como recreación, no como camino profesional.

Aquí está el dilema: ¿cómo formar campeones en un ecosistema que no fue diseñado para producirlos? La mayoría de los jugadores mexicanos que llegan al profesionalismo lo hacen a contracorriente, sin el respaldo constante de los receptores de los recursos en esta industria.

Mucha gente se pregunta en Latinoamérica porque en su historia dentro de la era abierta México solo ha producido ocho top 100, mientras que un país que ofrece mucho menos posibilidades como Argentina en este momento cuenta con seis dentro de los cien primeros y esto ha sucedido desde la aparición del gran Guillermo Vilas en los años setenta.

Rodrigo Pacheco es una excepción valiosa. Pero si queremos que deje de serlo, hay que replantear todo el sistema. Su historia debe ser inspiración, sí, pero también una alerta: el talento existe, pero el contexto no siempre ayuda.

Se requiere de un centenar de entrenadores que miren con seriedad los circuitos mundiales para alcanzar la gloria a través de un chico con cualidades. Hoy en día son pocos los que están en la lucha y se nutren de los jugadores que destacan en los estatales, regionales, nacionales y en los más de 30 torneos ITF.

Es momento de que la industria del tenis mexicano deje de depender de los milagros y empiece a trabajar por producir procesos que año tras año tengan a un mexicano en la elite mundial del tenis mundial para menores de 18 años.

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