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EL CIRCUITO JUVENIL EN MÉXICO: ¿UN PARAÍSO DESAPROVECHADO?

Quienes alguna vez hemos trabajado en cancha con juveniles destacados en México, pero sin haber logrado el pase triunfador al profesionalismo (por eso nos retiramos), lustros después nos preguntamos por qué hoy el ranking de nuestros representantes no les alcanzó para el ingreso directo a los Grand Slams juveniles.

En las décadas de los ochenta y noventa era impensable que México tuviera un circuito propio capaz de competir con el de la Cosat. Para sumar puntos había que viajar a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil, y después abrirse paso en los grandes torneos europeos.

Hoy, el panorama es distinto: México alberga un calendario de 30 torneos ITF, entre ellos un par de J200, un J300 y un J500, además de siete J100 y varios J30 y J60 para insertar jóvenes de 14 años. Es decir, se vive un auténtico paraíso competitivo. Sin embargo, los resultados no acompañan: nuestros juveniles están por debajo de países como Brasil y Argentina, que ni siquiera cuentan con tantas oportunidades en su calendario.

¿La culpa es de la Federación Mexicana de Tenis? En este caso, no porque ofrece más oportunidades que cualquier federación en Latinoamérica. La pelota está del lado de los jugadores y de sus entrenadores, responsables de llevarlos al siguiente nivel. Cuando un país no produce talento constante, se depende de los llamados “garbanzos de a libra”.

Comparativa internacional

Los datos son claros. Al sumar el ranking de los primeros ocho jugadores de cada país, el promedio revela con datos duros la profundidad de su cantera:

  • Brasil: Luis Guto Miguel (13 ITF) + Joao Pedro Didoni Bonini (22 ITF) + Gustavo Albieri (77 ITF) + Victor Cunha Winheski De Lima (81 ITF) + Pedro Henrique Chabalgoity (83 ITF) + Leonardo Storck Franca (134 ITF) + Thomas Vesantera Brandao (166 ITF) + Vicente Freda (170 ITF) = 746 puntos.
  • Argentina: Dante Pagani (32 ITF) + Valentín Garay (42 ITF) + Romeo Arcuschin (92 ITF) + Ian Vertberger (145 ITF) + Juan Ignacio Gallego (214 ITF) + Benjamín Chelia (321 ITF) + Tomás Re (396 ITF) + Faustino Boffelli (489 ITF) = 1731 puntos.
  • México: Oswaldo Alejandro Reyes Tirado (216 ITF) + Luis Andrés Flores Ávila (240 ITF) + Mauricio Schtulmann Gasca (324 ITF) + Diego Alcalá (354 ITF) + Nicolás Rivera Paz (379 ITF) + Mauricio González Castelazo Raya (496 ITF) + Guillermo Narcio (519 ITF) + Carlo Arena Fava (522 ITF) = 3050 puntos.

La conclusión es contundente: Brasil lidera con un promedio de élite, Argentina mantiene solidez, mientras México se queda muy atrás. Y eso que en los últimos 30 años se contrataron a entrenadores de gran conocimiento como José Luis Clerc y muchos jugadores emigraron al extranjero a las academias más conocidas.

Casos de referencia

El ejemplo brasileño es Luis Guto Miguel, de apenas 16 años y número 13 ITF, quien desde los 14 ya jugaba torneos internacionales. A los 15 ganó el J200 de Bogotá y el J100 de Cali, clasificando al US Open Junior. Este año fue semifinalista en Australia, campeón de un J300 en Medellín y del Astrid Bowl en Bélgica, además de llegar a semifinales del US Open.

México tiene torneos equivalentes, lo cual baja enormemente el costo de competición,  pero no consigue que sus juveniles lleguen con frecuencia a semifinales o finales. El último  exponente (2023) es Rodrigo Pacheco, considerado un “garbanzo de a libra”. Desde el 2000, solo tres mexicanos alcanzaron el Top 10 ITF: César Ramírez, Bruno Echagaray y Pacheco.

En el ATP, el mejor posicionado en los últimos 30 años sigue siendo Luis Herrera, 49 del mundo en 1992. Muchos confían en que Pacheco pueda superarlo, pero la pregunta es: ¿por qué solo aparece uno cada tantos años en un país de más de 100 millones de habitantes?

Reflexión final

México tiene el calendario, los torneos y las oportunidades. Los puntos que se reparten aquí bastan para construir un ranking mundial competitivo. Pero ganar en casa no basta: hay que trascender y validar esos resultados en el extranjero.

La responsabilidad no recae únicamente en la FMT —donde solo unos pocos directivos, como Luis Díaz Barriga, dominan a fondo el tema—, sino en academias y entrenadores que deben formar a jugadores capaces de aprovechar este “paraíso competitivo”. El foro esta abierto para Diaz Barriga para que ponga el dedo en el renglón.

Si no se logra, México seguirá dependiendo de excepciones brillantes, en lugar de construir una generación sólida que pueda competir con Brasil y Argentina. Y nos vienen a la mente Pedro Alatorre y Erik Casas, finalista y campeón del Banana Bowl cuando esta justa era la más importante de Sudamérica.

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