Las semifinales femeniles del Nacional de Jalisco, ese que se juega en Zapopan y que no es cualquier torneo sino el torneo, nos enfrentan con una verdad que se repite cada generación: sólo unas pocas cruzarán la línea hacia lo internacional, y muchas otras —con talento, ilusión y hasta ranking— se quedarán en la orilla del sueño. Así es este deporte, así es la vida: no hay sitio para todas.
Nicole Castillo se medirá con Sonia Tanuz. Ana Rafaela Reséndiz hará lo propio frente a Constanza Fernández. Cuatro nombres que, más allá del cuadro y del draw, nos recuerdan que estamos frente a una generación con clase mundial… aunque el pasaporte al circuito profesional sea privilegio de unas cuantas.
La historia —como casi todas las que valen la pena— empieza en familia. Nicole Castillo lo sabe. Venció con contundencia a Ana Paula Del Villar por 6-2, 6-3, y lo hizo cargando, no con culpa, sino con orgullo, el legado de una familia donde el tenis no es hobby sino forma de estar en el mundo. Nicole juega como quien tiene memoria y misión.
Sonia Tanuz, por su parte, se distingue desde que entra a la cancha: el elegante chongo, la serenidad que no es pasividad, la técnica que no se enseña sino se hereda de los libros vividos. Venció con autoridad a Emilia Velázquez por 6-2, 6-1, con una mezcla de sensibilidad y garra que hace pensar en las grandes del tenis femenino.
Y después viene el nombre de Ana Rafaela Reséndiz, la primera sembrada, que no es adorno, sino categoría. Su duelo ante Victoria Garza fue de esos que se aplauden desde la primera fila y desde la última. Ganó 6-2, 1-6, 6-4 en un partido que tuvo de todo: ritmo, altibajos, estrategia y fondo físico. Ana Rafaela no se dobla, y si lo hace, se recompone con estilo.
Constanza Fernández completa la ecuación. Desde que llegó a La Colina fue vista peloteando con su padre. Una postal digna de un comercial, pero real, de esas que ya no abundan. Y en la cancha fue todo menos nostalgia. Venció a Ivanna Zermeño demostrando que tiene fua, alma, y ganas de dejar huella en el torneo federado con más historia de México: el Nacional de Jalisco. Que no es solo torneo, sino ritual y escalón.
Y ahí están las cuatro. Tan distintas como parecidas. Tan jóvenes como urgidas de tiempo. Porque en el deporte de alto rendimiento, el reloj no perdona. Y mientras unas pasarán a los anales del tenis nacional e internacional, otras quedarán en la memoria de quienes presenciamos su breve pero luminosa aparición.
Así es el Nacional. Así es el tenis. Así es la vida.