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RENATA ZARAZÚA, EL LARGO VIAJE DE UNA RAQUETA MEXICANA COMENZÓ EN EL NACIONAL DE 10 AÑOS EN ZAPOPAN, JALISCO.

En el universo del tenis mexicano, actualmente ningún nombre resplandece con tanta luz propia en ambas ramas como el de Renata Zarazúa, actual número 71 del circuito WTA. Su historia, sin embargo, no comenzó bajo los reflectores de los grandes estadios ni entre las reverencias del público internacional. Comenzó, como tantas historias verdaderamente notables, en la infancia —cuando aún era apenas una niña menor de diez años que empuñaba una raqueta con más determinación que fuerza— en las canchas del Atlas Colomos.

Allí, en una final de 10 años y menores, la vimos por primera vez. No fue necesario un gran presagio para advertir que en aquella figura menuda había algo distinto. Con el paso del tiempo, la seguimos: en categorías superiores, en el Abierto Juvenil Mexicano, en los equipos nacionales que representaban el verde, blanco y rojo en competencias internacionales. Su talento fue evidente, sí, pero aún más lo fue su persistencia.

Renata no es un producto espontáneo de la genialidad. Es el resultado de una herencia silenciosa y poderosa: el amor al tenis de su padre, la sombra protectora de su abuelo y la sangre competitiva que corre por sus venas, también compartida con su tío Vicente Zarazúa, legendario gladiador del dobles.

Hoy, con 27 años, Renata ha recorrido el mundo con una raqueta en la mano como única promesa de gloria. Ha disputado los cuadros principales de los cuatro grandes —Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open— y ha alzado tres trofeos WTA 125. Todo ello con su estatura modesta de 1.60, que en nada mengua su grandeza ni su hambre de victoria.

Norberto Mantiñán, presidente de la Asociación de Tenis de Jalisco, no duda en incluirla entre los nombres que ya han tejido la historia del deporte nacional:
«El tenis tapatío ha dado figuras inolvidables, pero Renata —sin duda— es la mujer con más logros en la era abierta del tenis mundial.» Y añade, con esa mezcla de nostalgia y esperanza que suele acompañar a los veteranos del deporte: «Este año volveremos a ver a niñas de diez años competir sin saber que, quizás, a su lado está la campeona del mañana.»

Así es el tenis, como la vida: una danza entre el azar y la voluntad. Renata Zarazúa ha sabido dominar ambos.

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