GOLPE DE REVÉS
Alejandro Álvarez Zenith
El actual Consejo Directivo de la Federación Mexicana de Tenis (FMT) inició su gestión el 2 de diciembre de 2020, y, con ciertas modificaciones en su integración, fue ratificado para un nuevo periodo. Así, en el transcurso de 2025 se cumplirán cinco años de una administración que ha transitado entre avances loables, retos persistentes y decisiones cuya profundidad exige una revisión serena, pero firme.
Entre los asuntos que reclaman atención prioritaria se encuentra la preocupante omisión del Centro Nacional de Tenis, cuya ausencia en la narrativa institucional ha generado perplejidad y legítima inquietud. Para muchos, ello revela una desconexión preocupante con el valor estratégico que dicho espacio representa para el desarrollo deportivo del sur del país, particularmente en Chiapas, entidad bajo la representación en la zona sur de Adolfo Martínez, dirigente de sólida trayectoria, cuya voz —aunque reconocida— parece haber sido relegada al eco del silencio.
Si este tema ha de ocupar, como corresponde, un lugar en la deliberación del Consejo Directivo, su abordaje exige altura de miras, precisión jurídica y sentido de Estado. Se requiere una investigación exhaustiva, con apego a la verdad y sin dilaciones, que esclarezca por qué, a lo largo de tres administraciones consecutivas, no se procedió con la escrituración del inmueble; que detalle las circunstancias del despojo sufrido y, sobre todo, que nombre —con objetividad y responsabilidad— las decisiones y omisiones que lo permitieron.
Tenemos conocimiento de que diversos miembros del Consejo han visitado Chiapas; también sabemos que en administraciones previas se promovieron mejoras a través de actores ligados a la federación. Asimismo, se ha informado que integrantes actuales fueron comisionados para atender este tema específico, lo cual hace suponer que se consultó a especialistas en derecho y que se diseñó una estrategia previa orientada al diálogo institucional, la construcción de confianza, el establecimiento de candados jurídicos y, en última instancia, la siembra de bases sólidas que favorezcan a la comunidad tenística chiapaneca y nacional.
Este caso, más allá de su dimensión patrimonial o jurídica, constituye un espejo donde se reflejará la solvencia ética, operativa e intelectual del Consejo Directivo. Revelará si los cargos que se ostentan responden a un verdadero compromiso con la función pública deportiva, o si tan solo representan nombramientos huecos, desprovistos de tiempo, pasión o conocimiento.
Y en esa reflexión, acaso inevitable, habrá quienes concluyan —con altura ética— que en ciertas circunstancias, la renuncia digna representa una forma superior de servicio; un acto de respeto no solo a la institución, sino también a uno mismo, frente a la imposibilidad de cumplir con la responsabilidad asumida.