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PAOLINI ES LA NUEVA EMPERATRIZ DE ROMA: UNA OBRA MAESTRA ANTE GAUFF

PAOLINI ES LA NUEVA EMPERATRIZ DE ROMA: UNA OBRA MAESTRA ANTE GAUFF
Por Alejandro Álvarez Zenith

ROMA — Hay victorias que marcan una carrera. Otras, la redefinen. Y luego están las que trascienden el tenis para convertirse en parte del alma de una ciudad. En el majestuoso Foro Itálico, con los cipreses como centinelas eternos y las estatuas de mármol contemplando la historia que se escribe en polvo de ladrillo, Jasmine Paolini levantó los brazos al cielo. Roma tiene nueva campeona. Italia tiene nueva heroína.

La toscana, con una mezcla de temple florentino y hambre de gloria meridional, se impuso a la estadounidense Coco Gauff en dos actos perfectos: 6-4 y 6-2. No fue solo una victoria, fue una proclamación.

La consagración de un estilo

Desde el inicio, Paolini se mostró imperturbable. Su revés cruzado fue un metrónomo. Su derecha, una sinfonía controlada de potencia e intención. Pero sobre todo, su capacidad táctica rozó lo sublime: desarmó a Gauff punto por punto, obligándola a jugar siempre incómoda, al límite, en la sombra táctica de una rival inspirada.

Coco Gauff, número tres del mundo y campeona del US Open, venía de eliminar a adversarias de peso. Pero en la final, se topó con una Paolini distinta: más agresiva, más madura, dueña de sus nervios y de la atmósfera.

La italiana quebró en el 3-3 del primer set con una devolución milimétrica y no volvió a mirar atrás. El segundo parcial fue aún más categórico: se puso 4-0 con un vendaval de precisión quirúrgica. Gauff apenas pudo sostener su servicio una vez.

Una historia que emociona

Lo de Paolini no es un ascenso meteórico: es el fruto de años de lucha, de trabajo silencioso, de torneos pequeños, de derrotas que enseñan. A sus 28 años, alcanza el punto más alto de su carrera. No por casualidad. No por capricho del destino. Por mérito puro.

En Roma, donde tantas veces fue una espectadora más, se convirtió en protagonista. El público la arropó como a una hija pródiga. Cada punto suyo era un rugido. Cada intercambio ganado, una ovación.

Y cuando llegó la bola de partido, lo hizo con la elegancia que solo el verdadero tenis puede ofrecer: un revés paralelo que besó la línea. Inapelable.

Lo que viene

Con este triunfo, Paolini se instala en la élite. Se proyecta como seria candidata en Roland Garros. Pero más allá del ranking o los pronósticos, lo que hoy importa es que Roma —eterna, compleja, maravillosa— tiene una nueva reina. Y ella se llama Jasmine Paolini.

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